El Ministro sorprendido

Convengamos en que si bien no está en “pecado mortal”, el Ministro de Hacienda de Chile ha cometido un falta de proporciones a poco más de un mes de la elección Presidencial, porque no respetó el que el Estado, es decir, todos los chilenos, le pagamos un muy buen salario para que haga su trabajo: ser Ministro, a lo menos en horario de trabajo.

Parte importante de su trabajo es la discusión del Presupuesto anual de la Nación del año próximo que está en discusión en el Congreso Nacional.

El Ministro de Hacienda, Andrés Velasco, fue sorprendido por los periodistas en el plenario del Congreso, mientras se discutía la Ley de Presupuestos 2010, revisando y trabajando en los contenidos de la página WEB del candidato Eduardo Frei.

La obligación de ese momento del Secretario de Estado era estar atento a las observaciones que hacían los parlamentarios al principal proyecto anual de su Secretaría, pero el sr. Ministro encontró más interesante tomar notas de lo que  su candidato promete en su página que de lo que los parlamentarios opinan sobre sus promesas de un “futuro esplendor” económico para el próximo año en Chile.

Es una lástima que el Ministro no tenga un asesor de imagen, a lo menos con datos al día, para haberlo entrenado sobre todos los chascarros que han sufrido Ministros y Parlamentarios, en el mundo entero,  fotografiados durante las sesiones hasta mirando páginas de pornografía. En otras palabras, que está al alcance de cualquier persona, instalada en la graderías del hemiciclo, el poder tomar fotografías de lo que realmente están haciendo los parlamentarios durante la sesiones.

Tanto o más grave que la actitud del Ministro es la del diputado Jorge Burgos quien restó importancia al hecho, aduciendo que en su caso, en plenas sesiones del Parlamento, ha revisado paginas web y hasta ha leído libros en Internet.

No se trata de que los  señores Ministros y parlamentarios hagan actividad partidista fuera de sus horas de trabajo, tampoco que lean la “Pequeña Lulú” en sus tiempos libres. Se trata de realizar funciones de política partidista cuando se está en un lugar en donde deben realizar una labor de Estado, para la cual el Estado les está pagando.

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