La televisión chilena le hace un flaco favor a la imagen país.
Cualquier extranjero que vea la programación de nuestras estaciones de TV puede llagar a una conclusión que el gobierno, la oposición, los inteligentes y los políticos de todos los los partidos saldrían a negar no sin enojo: somos un pueblo aburrido, maqueteado, carente de crítica y de libertad y sin poder ciudadano.
Los intereses económicos en la Televisión han hecho que se deforme gran parte de la razón de existir de la TV como medio de comunicación social.
Las exigencias de sintonía obligan a tratar a los chilenos como imbéciles.
La guerra de la teleseries y los “realities” obliga a que todos los canales, todas la mañanas, en todos sus programas y todos a la misma hora, deban incluir notas, reportajes y entrevistas a cuanto actor y “figurita” de la farándula exista. Todo muy ordenadito, por cierto, cada supuesta figura de interés en su canal de origen y explicando como se hizo tal o cual escena, siempre la más escabrosa.
Sin embargo, donde el paroxismo “igualitario” (propio del comunismo de los años cincuenta) llega a su climax es en la hora de los noticiarios.
Las mismas noticias a la misma hora y los mismos segmentos (tiempo, reportaje a fondo, etc.) también a la misma hora. Basta con una de las estaciones que vaya a la sección deportiva para que todas hagan lo mismo. Si una entra en comerciales, antes de un minuto todas están en lo mismo. Sin contar que si una coloca en pantalla cualquier hecho de sangre no pasa mucho tiempo antes de que todas hagan lo mismo.
¿Dónde estás libertad de información? ¿Dónde se escondió la variedad de un país “bicentenario”? ¿Dónde está aquel Medio por excelencia para mostrar, crear y unir la expresión del pueblo?
Quizás debajo de las camionadas de algo que los americanos llamaron desde hace tiempo como la plaga del “infotainment”, o sea de la información convertida en entretenimiento, pero, que no era nada nuevo para todos los pueblo del mundo.
Antes se le decía: “Pan y Circo”
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